Mireia
Hola, me llamo Mireia y soy enfermera de la Central de Coordinación del Sistema d’Emergències Mèdiques
Conocí a África Sawabona a través del Colegio de Enfermería de Tarragona. Al ser una ONG desconocida para mí, despertó mi interés! No tenían sede física, eran un grupo de personas voluntarias que dedicaban su tiempo libre, sin recibir contraprestación alguna, a trabajar desde sus casas en una causa solidaria. A medida que fui hablando con ellos cada vez estaba más convencida de querer colaborar.
Durante las entrevistas recibí mucha información sobre la dureza del viaje y del trabajo en el territorio, lo cual suponía un reto para mí y mis circunstancias! Así que me lancé a la experiencia que siempre había querido vivir.
LA LLEGADA A SENEGAL
Tras 14 horas de autobús y 3 de 4×4 llegamos a Dindefelo, hay mucha gente esperando en la puerta del dispensario, se oyen tambores y pienso “igual es que es un día festivo”… poco después me doy cuenta de que la fiesta era porque que llegábamos nosotros.
Te encuentras rodeado de la gente del pueblo, personal del centro sanitario, el imán, los jefes de los pueblos, las asociaciones de mujeres,… y la gente baila y te sacan a bailar y luego vienen los discursos de esas personas y las oraciones… y yo lo que sentía en ese momento eran ganas de llorar de emoción. Nos estaban agradeciendo el haber llegado porqué ellos sí conocen lo duro del viaje y de su tierra.
Junto a las dos farmacéuticas con las que trabajé, nos encargábamos de dispensar la medicación, a veces administrábamos la primera dosis, les explicábamos como continuar el tratamiento y anotábamos lo que habíamos entregado en la base de datos para llevar un control del stock y final de la jornada hacíamos un recuento de todo lo que se había administrado.
Hubo días en los que también tocó preparar las mochilas de medicación para el equipo de sanitarios que se desplazaban hasta los pueblos de la montaña más remotos para atender a la población.
La experiencia fue del todo gratificante. El trabajo, a pesar de las condiciones que eran algo duras, se hacía muy ameno cuando te dabas cuenta de lo que te rodeaba: amabilidad, educación, paciencia, respeto y sonrisas, si su estado de salud se lo permitía.
Pocas veces en mi vida laboral, que cuenta con 17 años como enfermera, me había visto rodeada de todos esos calificativos. Esto da mucho que pensar y hace replantearse muchas cosas.
Una de las cosas que me ha enseñado el pueblo de Dindefelo es que son felices con lo que nosotros diríamos “poco”, porque en realidad no nos damos cuenta de que es “mucho”, son felices por levantarse con un nuevo día y estar VIVOS. Se valora el estar vivo y no el poseer.
A mí personalmente me han dado una lección de vida.