Como sabéis, África Sawabona se financia gracias a la colaboración de socios y voluntarios que a lo largo del año organizan pequeñas acciones o eventos solidarios para recaudar fondos.
Fondos gracias a los cuales podemos sufragar los diferentes proyectos puestos en marcha en el terreno.
Hoy queremos presentaros a una de esas personas que con su trabajo y sus iniciativas luchan por un mundo mejor!
¿CÓMO CONOCISTE A ÁFRICA SAWABONA?
Conocí a África Sawabona a través del Colegio de Enfermería de Tarragona, ellos me enviaron la información sobre la misión sanitaria que estaban planificando.
Al ser una ONG desconocida para mí, despertó mi interés ya que siempre había querido colaborar con una, pero tenía ciertas reticencias al pensar si mi dinero realmente llegaría al lugar o si una vez allí podría realizar algún trabajo o ser una mera espectadora.
Decidí enviar mi solicitud y empezaron las entrevistas del proceso de selección. A medida que fui hablando con las personas de la ONG, cada vez estaba más convencida de querer colaborar con ellos.
No tenían sede física, eran un grupo de personas voluntarias que dedicaban su tiempo libre, sin recibir contraprestación alguna, a trabajar desde sus casas en una causa solidaria.
Durante las entrevistas recibí mucha información sobre la dureza del viaje y del trabajo en el territorio, lo cual suponía un reto para mí y mis circunstancias.
En un primer momento las plazas de enfermería quedaron cubiertas y tuve que olvidarme de colaborar con ellos, pero 15 días antes de la misión me llamaron por si me interesaba ir como refuerzo en farmacia. La verdad es que en ese momento todo me parecía complicado, pero arreglé papeles, vacunas, canguros,… y me lancé a la experiencia que siempre había querido vivir.
LA LLEGADA A SENEGAL
Una vez en el terreno, el viaje hasta Dindefelo fue más duro de lo que pensaba antes de ir. Muchas horas en un autobús algo deteriorado por unos caminos de tierra llenos de agujeros y mucho calor durante unas 14 horas hacen que en algún momento pensara “¿dónde te has metido?”.
Pero todo esto se borra de tu cabeza en el momento en que llegamos al pueblo, después de un corto viaje en 4×4 (corto en comparación con el viaje en autobús).
Hay mucha gente esperando en la puerta del dispensario y se oyen tambores y pienso “igual es que es un día festivo”… poco después me doy cuenta de que la fiesta era porque que llegábamos nosotros. Era una sensación un tanto extraña: acabo de llegar, todavía no he hecho nada y me reciben como si fuese alguien importante.
Te encuentras rodeado de la gente del pueblo, personal del centro sanitario, el imán, los jefes de los pueblos, las asociaciones de mujeres,… y la gente baila y te sacan a bailar y luego vienen los discursos de esas personas y las oraciones… y yo lo que sentía en ese momento eran ganas de llorar de emoción. Nos estaban agradeciendo el haber llegado porqué ellos sí conocen lo duro del viaje y de su tierra.

EL TRABAJO DIARIO
Mi trabajo empezó desmontando las 30 bolsas de medicación y material que la ONG traía. Con ello debíamos poner en pie la que sería nuestra farmacia durante la misión en el terreno. Pese al pequeño cuarto destinado a ello y con los escasos recursos que allí encontramos, quedó bastante bien!
Poco después empezaron a llegar los pacientes con los informes médicos y las prescripciones que les habían entregado los médicos compañeros.
Junto a las dos farmacéuticas que trabajé, nos encargábamos de dispensar la medicación, a veces administrábamos la primera dosis, les explicábamos como continuar el tratamiento y anotábamos lo que habíamos entregado en la base de datos para llevar un control del stock y final de la jornada hacíamos un recuento de todo lo que se había administrado.
Hubo días en los que también tocó preparar las mochilas de medicación para el equipo de sanitarios que realizó atención domiciliaria en los pueblos de la montaña más alejados.
LA EXPERIENCIA PERSONAL
La experiencia fue del todo gratificante. El trabajo, a pesar de las condiciones que eran algo duras, se hacía muy ameno cuando te dabas cuenta de lo que te rodeaba: amabilidad, educación, paciencia, respeto y sonrisas, si su estado de salud se lo permitía.
Pocas veces en mi vida laboral, que cuenta con 17 años como enfermera, me había visto rodeada de todos esos calificativos. Esto da mucho que pensar y hace replantearse muchas cosas.
Una de las cosas que me ha enseñado el pueblo de Dindefelo es que son felices con lo que nosotros diríamos “poco”, porque en realidad no nos damos cuenta de que es “mucho”, son felices por levantarse con un nuevo día y estar VIVOS. Se valora el estar vivo y no el poseer.
A mí personalmente me han dado una lección de vida.
LA IMPORTANCIA DE CONTINUAR
Durante todo este proceso en varias ocasiones me remarcaron la importancia de trabajar a lo largo del año, cuando terminas esos 13 días y uno ya está lejos del terreno.
Me puse a pensar en cómo podía colaborar y que podía organizar.
Rápidamente se me ocurrió aprovechar la gran amistad que tengo con Joel Reyes, artista y cantautor, y tantearlo para hacer un concierto solidario.
Le pareció bien, pidió colaboración a otros compañero músicos, e incluso buscó el local.
UNA NOCHE MÁGICA
Y así fue como nos juntamos un número de personas conocidas y desconocidas para disfrutar de una noche que resultó ser mágica por una causa bonita y que demuestra una vez más el lema de África Sawabona:
“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.
En ocasiones, un encuentro fortuito con un desconocido termina convirtiéndose en un momento mágico
¡Y esto es precisamente lo que ocurrió el 19 de octubre!
No conocíamos a los tres artistas que nos habían brindado su música para ayudarnos a mejorar las condiciones de vida de la población del distrito de Dindefelo (Senegal).
Y tampoco conocíamos a las muchas personas que el viernes asentían con la mirada cuando les explicábamos la importancia de no mirar hacia otro lado ante las injusticias.
Sin embargo, aquella noche una vez más la música, despertó emociones y movió a aquel grupo de personas que no éramos otra cosa que «Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, que pueden cambiar el mundo».
Nuestro eterno agradecimiento a Mireia Sevil, Joel Reyes, Felix Fernández, Pablo Martín, Oscar Patanegra y Carlos Bouza, y ante todo a aquellos que nos acompañasteis y confiasteis en este pequeño grupo de locos soñadores.
Sin duda fuisteis un chute de energía!
PD: Como siempre, el 100% del dinero recaudado se destinará al proyecto.


























1 comentario en “Gente pequeña que con sus iniciativas lucha por un mundo mejor”
Orgullo de madre.